Una red de “ciudades inteligentes” que se alimentarán de energías renovables y contarán con niveles mínimos de C02. Un proyecto ambicioso que requerirá de inversiones millonarias y cuyo fin es intentar solventar las lagunas en investigación tecnológica de que adolecen los países de la UE, por debajo incluso de los niveles de la década de los 80, momento en que tuvo lugar la crisis del petróleo.
Una red de transportes sostenible y edificaciones eficientes son los proyectos que centran el grueso del interés de la Comisión Europea. Los vehículos, sucesores del –hoy en día en pañales- coche eléctrico, se alimentarán con las energías renovables producidas en los edificios para cubrir sus necesidades de electricidad. Un novedosos sistema de retroalimentación que, esperan los expertos, terminará con los problemas derivados de la carestía de las fuentes de energía limpias. Turbinas eólicas, plantas fotovoltaicas y parques offshore compondrán el resto de los ingredientes necesarios para que este cóctel “energéticamente eficiente” empiece a dar sus frutos.
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